Hay quien escribe, no sin amargura, que la Vida le da la espalda. Si la Vida nos da la espalda, solución, le lanzamos el farol de que nos quedamos con la Muerte. Ella es celosa como nadie. Por eso se aferra tanto a nosotros porque, ella, la Vida, siempre se pone muy celosa de la Muerte. No obstante, hay que tener presente que es muy lista y que lo propuesto es un órdago en toda regla. La derrota, nuestra derrota, implica el Suicidio.
Hay quien escribirá, a consecuencia de ésto, que el Suicidio nace, sólo, cuando claudica la Justicia. Y es que, mi querido lector, la Injusticia forma parte de la realidad, tenemos que vivir con ella y modularla. Influir en ella. Simpatizar con ella en lo posible. Hacerla más amable. La Justicia, en cambio, es como Dios, no tenemos evidencia alguna de que exista.
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