El día que marcó al país inexistente
No tengo ninguna intención de convertir este blog en algo político, pero esta es una columna que escribí para CodigoVenezuela.com, y a falta de creatividad para escribir algo aquí en estos días, la pongo con modestia.--El día que marcó al país inexistenteUn 2 de febrero hace once años condenamos a este país. Recuerdo estar casa de una tía esperando en familia –tal cual reunión de cumpleaños- los resultados de las elecciones que le darían un giro negativo a esta nación. El héroe del momento, el Robin Hood moderno, había ganado, y prácticamente Venezuela entera estaba de fiesta.Desde ese momento, mi familia y mis conocidos más allegados, pasamos a formar parte de una “minoría” que atentaba contra las libertades del país. Entramos en el grupo de los oligarcas, apátridas, lacayos del imperio –y ojo, nunca me enamoré del imperio-.Tras ese 2 de febrero, conocí lo que era una protesta popular. Con alguna esperanza, que nunca se formuló, participé en decenas de marchas, que al día de hoy lo que puedo asegurar es que me sirvieron de ejercicio físico, y quizás mental, ¿por qué no?En estos años he intentado elegir un número grande de candidatos para cualquier cargo político. Hasta ahora habré podido decir que he ganado unas dos veces como mucho, porque siempre vence precisamente el personaje por el cual yo no voto.En estos once años que han pasado desde entonces, el tema político se ha adueñado de absolutamente todos los espacios que estructuran a este país. Cualquier reunión social, cualquier visita a una tienda, restaurante, gimnasio, se escucha a viva voz lo que es una queja o una alabanza a lo que se está haciendo en materia gubernamental.Aprendí que el rojo ya no está bien visto cuando no hay ánimos de representar a un bando en específico. Llegamos al punto en que relacionamos un color con la política, y hay quienes no dejan de modelarlo, cuando por el otro lado hay quienes lo repugnan al extremo de no usarlo.La violencia en las calles cada día está más desatada. Cada mañana un cuento nuevo, una historia de pérdida más que lamenta una familia. Las noches hacen su juego entre la oscuridad y la decepción. La corrupción ha rebasado los límites.Hace once años no tenía idea de política, porque no estaba involucrado en ella. Tenía otros intereses, quizás más personales y egoístas, pero cómo no, más sanos. Hoy, ante tanta decepción, frustración, y deseos de cambio, sigo esperando con esa mínima esperanza, que se repita un 2 de febrero; y casa de la misma tía, ver como le damos fruto a una nación en penumbras e inexistente.RFC
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