Las palomas vecinas a la Jefatura de Gobierno, es decir, las que habitan la Plaza de Mayo, no han estado siempre allí. Se instalaron a mediados de los años 30 gracias a un excéntrico señor que solía vestir un prolijo guardapolvo blanco, llamado Benito Costoya.
Este hombre vivía en una casucha en la Costanera Sur (en parte de lo que es hoy el elegante barrio de Puerto Madero) y acostumbraba alimentar a las palomas, quienes se reunían por miles a su alrededor. Costoya, el “Rey de las Palomas”, solía llamarlas mediante un silbato. El espectáculo convocaba a los niños de las familias que concurrían a pasear por dicho rincón de la ciudad, como podemos apreciar en el...