Estamos una veintena de personas, tanto hombres como mujeres, sentados en una terapia de grupo psicológica en una sala alargada y estrecha, más similar a un largo pasillo, con lo que media mucha distancia entre los extremos, mientras las personas que están unas enfrente de otras casi se están tocando las rodillas. Un poco antes hemos estado la mayoría de nosotros reunidos aparte y hablando calurosamente de cosas ajenas a la terapia, lo que nos ha hecho llegar tarde y perjudicar al resto acortando el tiempo que tenemos dedicado a la reunión colectiva, con la consecuencia de toparnos con la embarazosa molestia y el hostil silencio de los que no estuvieron presentes en nuestra discusión...
Estoy con mi amigo Javier Fernández Aracama y su hermano Mario saliendo de copas por ahí. Hemos decidido venirnos a mi casa con la idea de que les muestre algo: un poema, un libro publicado o algo similar. El coche lo lleva Javier. Ya estamos subiendo las escaleras del zaguán de mi vivienda, que es una gran y espaciosa casona de dos pisos y muchos metros cuadrados, toda una casona de escritor. Según parece llevo vida de soltero, sin familia, en este acogedor y señorial hogar. Los dos hermanos me hablan de la muerte de Santi, su otro hermano. Fue en un accidente de tráfico, en fin de semana y por la noche. Santi se estrelló contra otro coche cuyo conductor iba muy borracho. Javier se...
A horas matinales muy tempranas conseguimos Eva y yo, tras bastante follón y dificultades, que nos coja un taxi decente para llevarnos a casa. Al poco tiempo, sin transición aparente, me encuentro con Carlos (Sir Charles) en la calle, que me invita amigablemente a que charlemos. En un bar tenemos unas palabras. Carlos quiere indagar dónde estuve en la noche del sábado, ya que me estuvieron esperando para hacer una animación de camarero infiltrado en un restaurante donde se celebraba una despedida de soltero y no aparecí en ningún momento. Aunque faltó confirmarlo con una última llamada telefónica (todo esto está basado en hechos reales) yo creía que había quedado...
Los protagonistas de la acción son cuatro figuritas, probablemente de plástico, cada una de un color (azul, rojo, verde y naranja o violeta), que se hacen con un botín en una enorme nave industrial y a partir de ahí tienen el cometido de huir por separado sin ser atrapados por sus perseguidores. El dicho botín es un poco impreciso, no es exactamente una suma de dinero. Todo sucede como en un guión preestablecido y que siempre se repite de la misma manera. Es más: estoy seguro (o al menos tengo esa fuerte sensación) de -si no completamente todo- haber soñado con anterioridad la mayor parte del desarrollo de la acción de manera idéntica, incluso en detalles muy precisos. Mi...
Estoy con el actor Javier Jiménez (aunque se trata de él, físicamente es bastante distinto a como es en la realidad). Suceden bastantes cosas que se han sumido en el remoto olvido. Con lo que podría decirse que el sueño (recordado) comienza cuando llegamos a la cancha donde se está jugando un trascendental partido de fútbol, ni más no menos que el Barça y el Real Madrid enfrentándose en una final. Si no recuerdo mal va ganando el Barcelona por una diferencia de dos goles. El campo de fútbol no es muy grande, sus dimensiones son algo mayores que las propias del fútbol sala, y el recinto está delimitado por unas altas vallas metálicas. Las gradas, llenas de espectadores, tampoco...
Entro en una tienda de ropa (situada seguramente en el madrileño barrio de Salamanca) con el encargo de preparar el terreno para un evento o una exposición de fotografías de cierto autor. La dependienta encargada se muestra muy amable conmigo y a priori me da el sí para realizar la exposición, aunque habrá que confirmarlo con el jefe. Me hará una serie de preguntas personales con cierto interés. Alucina cuando le informo de que tengo 41 años ya que ella no me echaba más de 26. Mi edad influye para que me tome más en serio. Se sorprendrá más cuando le menciono que ya tengo un hijo de 3 añitos.
Hay idas y venidas por la tienda, de dos o tres pisos, gente por aquí y por allí,...
Eva ha tenido una iniciativa bastante curiosa. Por su cuenta y riesgo y sin consultarme, con toda la intención de darme una gran sorpresa, ha adquirido un enorme chalet, situado algo más allá de la Plaza Castilla, en una zona de grandes casas y mansiones, para que nos mudemos a vivir allí. Precisamente se encuentra adyacente al chalet de la actriz Lola Marceli (más tarde nuestra morada se identificará con la de Lola; también se identifica aproximadamente con la de otro sueño que tuve). El ambiente es mucho más saludable para los tres, sobre todo para nuestro hijo Amador. La construcción es fabulosa, amplia, con un inmenso patio, con varios pisos, luminosa, ideal. Pero hay...
Seguramente de noche, y eso es lo curioso, entro en alguna tienda del barrio de San José Valderas de Alcorcón, al otro lado de la Avenida de Lisboa donde se ubican el Hipercor y la estación de la Renfe. Más tarde aparece mi madre en el sueño y soy yo el que la acompaña en sus compras. En una tienda no muy grande llena de cachivaches ella comprará una lavadora o algo similar. Y estará a punto de gastar en una suerte de artefacto que sirve como seguro para evitar que el agua se salga de la lavadora. Intento convencerla de que no malgaste el dinero (algo más de 100 euros) en semejante artilugio, ya que apenas va a utilizarlo, desde luego nunca en verano. O al menos que no lo adquiera...
Sueño un tanto raro y difuso. En el que aparece Beatriz Olivares en el papel de una siniestra asesina, concretamente una despellejadora que se sirve de un enorme cuchillo. A mí me tocará el papel de ser su víctima, pero de una manera atípica: soy una víctima que protege a su verdugo. Aunque he sido su coballa no presento ningún daño. Nos alojamos ambos, junto con una amiga de Beatriz en la casa de una población costera, todos de incógnito. Hay investigaciones, perscución policial, mas no hemos dejado huellas, sería difícil que nos localizasen, aunque no imposible, claro. En la acera de enfrente de nuestra casa hay un bar que tiene el chiringuito instalado en la calle, con...
Vivimos en un piso enorme, al menos la parte de la vivienda en que se desarrolla el sueño, o sea el salón, con un espacio de muchos metros cuadrados y muy longitudinal, que llega hasta la entrada. Quizá tenga en su extensión algunas separaciones escalonadas, tramos de cuatro o cinco peldaños. Yo estoy algo nervioso con la cantidad de trabajo que tengo acumulado. Eva me comenta que está pensando en hacer una fiesta. Yo apenas la escucho, embebido como estoy en sacar los encargos laborales adelante. Sin comerlo ni beberlo ahora la casa empieza a llenarse de gente. Efectivamente hay fiesta. Con lo que además del trabajo ahora tengo que encargarme de hacer de anfitrión. Y no me sentiré...