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No es la Noche sin Insomnio

Notas dispersas sobre el derrumbe de occidente.-

A culo mojado A pocas horas de que asuma el gobierno de Sebastián Piñera, la lectura de los muros de Facebook, los de Twitter y, por cierto, los comentarios que los lectores publican en los websites de radios y diarios electrónicos, son una muestra casi pornográfica de la obsecuencia, veleidad y banalidad del mediopelaje chilensis. Piñera- Piraña, que va a robar el país, que va a privilegiar los intereses de los empresarios, que va a resucitar a Pinochet, que es un asco, etcétera. El tipo ni siquiera ha asumido y ya es víctima de la intolerancia y, sobre todo, de la profunda falta de cultura democrática de la clase media que suele ser la que se expresa en los citados medios. Mal que mal, un 51% del país le dio su voto y, si no respetan al hombre, ni al cargo, al menos respeten al porcentaje de chilenos que confió en su proyecto. Pero el respeto no es un valor que se cotice al alza por esta parte del zamarreado planeta.A Piñera le va a pasar lo mismo que a Allende: una oposición majadera y recalcitrante, aterrada ante la posibilidad de que el ordencito en el que habían vivido colapse y se transforme en otra manera de hacer las cosas, le impedirá realizar su proyecto. Antaño, eran las viejas que le tiraban maíz a los militares; hogaño, las viudas de la Concertación que ahora, desde la oposición, se harán cargo de "luchar por los derechos de los trabajadores", derechos que dejaron de lado -cual pololo colegial, medio nerd y espinilludo- para mantener su coqueteo con el rutilante mundo empresarial,-pelolais, musculado y perfumoso- y reivindicar exactamente lo que en 20 años no les importó defender. A tanto llega esta esquizofrénica manera de actuar, que el primer presidente socialista ("socialista, po' hue'ón", como diría Coco Legrand) después de Salvador Allende, salió entre aclamaciones orgásmicas del empresariado reunido en el nido de amor que albergó su tórrido romance de 6 años, en el motel de Casa Piedra. Por 20 años, hemos vivido en un sistema democrático sostenido por la deserción de las masas y el alienamiento político de los dirigentes.En un Estado mantenido por el amiguismo, donde las metidas de pata se encubrían, donde el cuoteo y el secretismo era un modus vivendi, salir con la cola entre las piernas era un escenario inimaginable y,ciertamente,aún hoy es, a duras penas, aceptado. Sin embargo, lo que más me llama la atención es que para una buena parte de la población que se expresa en los medios virtuales, nada de esto pareciera haber ocurrido. Al punto de que el gobierno, y la figura de la Presidenta Michelle Bachelet es venerada casi como a una santa política, cuando en su gobierno de soberbia e inoperancia proverbiales, Chile conoció algunos de los más graves conflictos sociales en democracia (transantiago,epopeya pingüina, paro de profesores, crisis económica, etc,) de las cuales salió indemne y hasta radiante, envuelta en un halo mágico construido por una alucinación colectiva,como la que Chile conociera en los '80, con Miguel Ángel, el vidente de Peñablanca.Incluso ahora, después del desastroso manejo de la crisis provocada por el terremoto, la opinión pública se las ingenia para mantener viva la imagen de la presidenta, como de una mujer admirable, ejemplo y orgullo para la nación. ¿Ejemplo de qué, por favor? Aquí murió gente por la improvisación del gobierno que ella debía dirigir ¿Da lo mismo?. Desde un punto de vista menos dramático, como resultado de su gobierno, la Concertación perdió el poder ¿Es que eso no cuenta? Su gobierno, aún más personalista que el de Lagos, consiguió echar la última palada de tierra al imaginario político concertacionista. Se ha señalado que fue el gobierno de la protección social, protección que llega sólo a los más protegidos del mundo: la clase más pobre. La clase media, en cambio, estupidizada, desclasada, acogotada por la economía, asediada por la delincuencia, envilecida por la más profunda crisis ética y moral de la que se tenga historia, sigue aplaudiendo a una señora de muy buenas intenciones, pero deplorables realizaciones. Un botón de muestra: la crisis educacional que ha zombificado a numerosas generaciones de estudiantes,como lo prueban los resultados de innumerables encuestas pedagógicas tiene alcances que se medirán en décadas y ¿a nadie le importa?.Por asuntos familiares no estuve en Chile en las elecciones de la segunda vuelta, pero si hubiese estado habría votado por Piñera. He perdido amigos por decir esto en privado pero, a estas alturas, me da lo mismo: yo estuve en la calle desde 1986, me inscribí y voté para echar a Pinochet y luego para que Aylwin condujera la transición a la democracia. Pero, honestamente, hasta ahí no más llegué. Siempre sospeché de la falta de espíritu democrático, del exceso de amiguismo de los concertacionistas, de la falta de interés por construir una sociedad realmente democrática. Y los hechos me dan la razón: ganamos la democracia, para que las generaciones siguientes a ese hecho histórico, fueran descreyendo de la política y de sus representantes. Si se hubiera cultivado el ser social de la nación, quizá no habríamos sido testigos y víctimas de los saqueos y el pillaje post terremoto. Si se hubiese cultivado el espíritu democrático se respetaría al presidente electo y, sobre todo y más importante que todo, se tendría la conciencia de que el pueblo, la sociedad, puede y DEBE ejercer el control sobre sus gobernantes. Que si Piñera lo hace mal, pues ahí está y estará la calle para hacérselo saber, ahí están los sindicatos, ahí debieran estar los partidos políticos a través de los cuales, de manera civilizada, el país puede decir: creemos que puede hacerse mejor de esta otra manera.Pero para aceptar este estado de cosas se requiere de un elemento clave que ninguno de los anarquistas con tarjeta de crédito que conozco está dispuesto a hacer: mirar los hechos fríamente,SIN MIEDO y actuar, con firmeza y respeto, civilizadamente, confiando en el principio elemental de que la democracia se construye y se cuida entre todos. En esta cultura del "dejar la cagá" a todo evento, creo que el gobierno que mañana se inaugura tiene todo para fracasar y, lo peor, tal como hace 37 años, sin haber tenido la oportunidad de gozar del respeto democrático que se merece todo gobierno elegido por la ciudadanía (no por "la gente"), sin la crítica majadera de quienes gozan con el fracaso ajeno. La buena noticia,sin embargo, es que esos gobiernos,con el paso de los años, se transforman en mitos. Y ya sabemos cómo les va en Chile a los mitos.

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