De amor y desamor
Ay, el amor, el amor... Ni en mis tiempos más amargados he podido negar su poder. Y aunque soy de esas personas que encuentran fácil decir "estoy enamorado" y referirse a otro ser humano como cielo, corazón, honey o mi amor; sé muy bien que es el motor de la vida, pero también lo único capaz de embarrarnos de vulnerabilidad en su forma más pura. No se me olvida cuando leí que los bebés se dejan morir si no son acariciados, si no reciben muestras de amor, de la misma manera en la que un viejo deja de respirar si pierde la vida de su pareja. Porque siempre que llega, viene del brazo de la pérdida, porque trae consigo, como un back pack, el potencial del desamor. Ah, pero que bien se siente cuando muestra su lado amable, cuando el cuerpo se llena de adrenalina y energía, cuando hasta la persona más insoportable es adorable, cuando llevar al cine al sobrino gritón no sólo se vuelve divertido sino hasta buena muestra de instinto paterno; cuando el tiempo en el periférico se pasa de volada y sus espectaculares son 'lindos'; cuando es natural todo eso que antes se llamaba 'bola de mariconadas'. Pero no, ahí no acaba la cosa. Más tarde viene para muchos, su lado oscuro: el amor ridículo, sumiso, posesivo, sacrificado, violento, sufrido, enfermo, infiel, arrebatado... El que hace daño, el insatisfecho, el que termina. Otra vez el back pack que tarde o temprano desaparece y se cura para dar paso, nuevamente a la anestesia del amor. Y eso es vida: un ciclo más o menos intenso de amor y desamor. Conozco bien ese ciclo, pero no soporto su sobre explotación. Siempre he creído que el 14 de Febrero es el día más cursi del año, uno de esos que deberían dedicarse a arreglar la propia vida en vez de comprar chocolates de relleno en cajas de corazón deforme (sólo en Febrero, los gringos compran 35 millones de estas), o tarjetitas prefabricadas llenas de frases bobas que enriquecen a más de uno (vean "(500 Days of Summer"). restaurantes atascados, vendedores insufribles, millones de copias vendidas de supuestas rolas de amor (leasé Juanes y Arjona), recopilación numero 1,000 de boleros hechados a perder, películas y series de televición que por enésima vez relatan la historia de amor imposible (si, si son imposibles) y cientos y cientos de cursiladas con precio; sería más valioso si regalaramos cosas hechas por unos mismos, al menos así ya vendría con detalle incluido y así mismo regalarlo en otras fechas y no solo darlo por el compromiso mercadotecnico de la festividad. Así que en vez de perder el tiempo en días ñoños, cuidate del back pack, ése no tiene fecha.
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