Adiós al maestro Delibes
Ayer por la mañana, mientras atravesaba el concurrido pasillo de 2º de ESO, Eloy, un alumno del grupo A, me transmitió la noticia: "Héctor, ¿sabes que Miguel Delibes ha muerto?"; le di las gracias y seguí mi camino a 1º de Bachillerato A. No fue una noticia que me pillase totalmente desprevenido, pues sabía por los informativos de la noche de su grave estado de salud. Pero la muerte, de alguna manera, siempre se las arregla para sorprendernos, por muy previsible que nos parezca su llegada.En la memoria de los lectores quedarán, por siempre, sus palabras, sus personajes, su modo de retratar la dura vida del campo castellano de mediados de siglo, como en Las ratas o en El camino, y la visión certera de la condición humana en ciertas ciudades de provincias, como en La hoja roja o Cinco horas con Mario.Para los que amamos la literatura, su desaparición provoca un pesar mayor, pues deja un vacío definitivo en las letras universales que ya nadie podrá llenar. Termino este entrada con esta cita del propio Delibes que se encuentra en la página web de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez y que desvela cómo se aficionó a la lectura: "Nunca fui un estudiante empollón. Solía estudiar lo imprescindible para ir pasando, pero siempre establecí una frontera entre Ciencias y Letras. Mi terreno estaba en éstas. A las Ciencias las aborrecía. Era un poco corto de vista y me suponía demasiado esfuerzo mirar al encerado. Aprendí a leer en una edición simplificada de El Quijote. No me gustaba. No recuerdo a nadie que me animara a leer. La disposición a hacerlo nació conmigo. Leía en casa, en invierno al calor del brasero. A veces pasaba horas sobre un libro. Luego, ya con mi novia, organizábamos nuestras lecturas y nuestra biblioteca".
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