LLÁMEME ASÍ, SOLO PARA ALGUIEN QUE LO DESEE, Y SÍ ÉSE ES MI NOMBRE
Nelson Mandela, una celebridad en la historia de Sudáfrica, para el director, Clint Eastwood, lo usa como referente en su película documental: Invictus, cuya trama nos muestra su ascenso al poder de su país y asesorar al equipo de rugby, deporte aplaudido en ese lugar y los nombres de Morgan Freeman y Matt Damon, le dan el valor agregado a esta producción.1995, luego que Sudáfrica saliera del apartheid (problemática racial en dicho país), pudo realizar el torneo mundial de rugby, a eso aparece la figura de Nelson Mandela (Morgan Freeman) recién salido de la cárcel y a la postre elegido mandatario de Sudáfrica; Mandela usa ese certamen como punto de unión entre sus habitantes (paradójicamente son los blancos quienes son mayoría en el equipo deportivo). El vital socio de Mandela, es Francois Peinar (Matt Damon), capitán del equipo; de manera concadenada, esta dupla hará capaz de llevar a la selección a lograr propósitos insospechados.Clint Eastwood, elabora un film no tan biográfico como se esperaba, su mirada va mas en hacer una cinta deportiva y de corte social, la gran referencia es en el libro de John Carlin: The Human Factor. No resulta una mala película, pero si escogemos a un gran personaje, quizás nos quede la inquietud de saber algo más de él (para esta parte del mundo y las nuevas generaciones dudo que sepan al menos un 40 % sobre la vida de Mandela y su lucha personal e interna en Sudáfrica), aquí solo muestra unas cuantas virtudes y cierto conflicto social.La primera parte vemos de manera rápida y superficial lo que sucede en ese país africano, y el agrio momento del equipo de rugby liderado por Francois Peinar; varios percances sin explicación en detalle, ni hay un background profundo, estamos en el presente y la mira esta puesta en el torneo deportivo. Cuando parece la faena difícil, la trama comienza a mostrar interés, al darse los triunfos alentados por las frases de Mandela hacia Peinar; ahí la cinta se torna épica, tomando el lado político y deportivo como una lanza que traspasa cualquier férreo escudo, en este caso una golpeada sociedad, puede gozar un resultado planificado y con un gran sentido del compromiso.Las escenas del juego serian redondas, si no abusaran de la cámara lenta podría decirse que el juego tiene un lapso amplio o eterno, sin dejar pasar que el rugby (en esta parte del globo) es un incomprendido deporte. También tenemos escenas de acción, camufladas con intentos de atentados y la otra lucha racial, entablado en el mismo equipo de seguridad de Mandela, formado con bandos de gente de color y blancos con alto grado en resguardo personal.Las actuaciones están centradas en Morgan Freeman, nada sensacional para decir que no actúa nada mal, en esta ocasión con su inigualable manera de ser (tranquilo y sereno) logra una empatía ideal de Madiba (nombre derivado a la tribu origen de Mandela), un líder opuesto de usar la fuerza, sino usar el dialogo para dominar a su pueblo. Otra buena actuación es del “rubio” Matt Damon, el otro jefe pero de un equipo deportivo, gracias al dialogo de Mandela, logra apuntarse en su puesto y transmitir esa fortaleza hacia sus compañeros. Estos dos actores tendrán predominio en la historia, un acierto bien logrado. Quienes digan que el deporte y la política no se asemejan o se mezclan, están equivocados (aquí hubieron personas de ese tipo), Invictus muestra esas premisas en un termino medio. En mi consideración, estas cosas sólo tienen efecto y poder de credibilidad en personas intachables y honorables, una estirpe que debería llamarse en peligro de extinción.
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