El toreo es cultura sobre todo
Incluso sobre el bienestar de los animalitos. Aunque los seguidores de la tauromaquia aseguran no encontrar placer en la masacre que se realiza con los toros durante la lidia. Se disfruta del arte de torearlos. Los aficionados no se reconocen como sádicos sino como buena gente incapaz de percibir la masacre que se desarrolla delante de sus ojos o bien como gente que asume la tortura sin ningún problema porque la entienden como un vehículo que lleva a un fin artístico elevado. La necesidad de realizar una mala acción para obtener un bien mayor convierte cualquier villanía en un acto moralmente inocuo y hasta invisible.La tortura aunque penosa se justifica bajo la estética y ya no repugna a nuestra conciencia. Esta es la peor clase de vileza que se puede cometer, porque se ignora como tal y se justifica por principios morales o tradiciones artísticas, por eso las buenas personas que han infligido el sufrimiento como medio necesario para la consecución de elevados ideales artísticos, políticos o religiosos han causado llenos de razón, convicción y entusiasmo desaguisados muchísimo más grandes que cualquiera de los que conscientemente hayan perpetrado a lo largo de la historia todos los psicópatas del mundo.Y bueno nadie se libra de generar ese tipo de desaguisados guiados por sólidos principios morales, porque incluso considerándonos seres razonables y pacifistas nos meteríamos en similares fregados si nuestros derechos se vieran en peligro por grupos de fanáticos que sólo fueran capaces de funcionar bajo la vía del garrote, las bombas y la muerte. Pero los toros en ningún momento se propusieron invadir Polonia, nunca nos pusieron en peligro como especie o como pueblo, ni han amenazado con destruir la civilización, nuestra necesidad de torturarlos obedece, en el mejor de los casos, a un simple placer estético.Un toro de Picasso
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