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El Día que Salvé el Mundo - III - Y ahí estaba yo. Parado en medio de la vereda, haciéndome terribles preguntas existenciales. Pero entre pensamiento y pensamiento no pude evitar notar el paisaje. Una ciudad completamente limpia, sin ruidos molestos y entre tantos detalles, el más llamativo: Los negocios estaban cerrados, no había una sola persona y era mediodía. Incomprensible. Además comencé a notar que los negocios y casas de mi vecindario habían cambiado. Las casas no tanto, pero los negocios eran totalmente otra cosa y lo extraño es que ofrecían los mismos servicios que antes —cuando digo antes me refiero a como los recordaba antes de hoy— pero por dentro se veían distintos. Me asomé a una tienda, la ñata contra el vidrio, y vi una decoración sumamente minimalista. Es decir, sencillos ornamentos blancos, ninguna publicidad, ni ruido ni basura visual, impecable. Parecía no haber mostrador, un cuarto blanco, nada, cosa de otro mundo. Un local llamativamente ausente de colores de un lado y yo con mi pálido rostro del otro. A decir verdad siempre soñé con ver algo así, pero no de un día para el otro; y es que todos los comercios y negocios que llegaba a ver desde donde yo estaba tenían el mismo aspecto. Estaba perdido, a una cuadra de mi casa. En fin, con mi mochila de dudas e inquietudes continué mi rumbo. Recordarán ustedes que iba a lo del mecánico, quien repararía mi maquina del tiempo en "un par" de días. Este "un par" de días —entre comillas— no me gustó nada, razón por la cual no había podido dormir muy bien y provocó que comience el día tan agitado. Al hacer unos pocos pasos más —mientras seguía sorprendido por el paisaje de mi ciudad— comenzó a sonar una alarma, no de ambulancia, no de algún auto o casa; era un zumbido penetrante, una bocina infernal que anunciaba una guerra. Recuerdo haber escuchado algo parecido en alguna película sobre la segunda guerra mundial. Una bocina cercana que suena distante, algo confuso. Aturdido y perplejo por el hecho quedé paralizado. De repente una especie de nave aparece frente a mi, bajaron dos sujetos rápidamente y se me vinieron al humo. Eran misteriosamente similares, altos, contextura física imponente, llevaban cascos que cubrían sus rostros y un uniforme negro de una tela que solo puedo imaginar encontrar en algún disfraz de sado-masoquista. —Ciudadano T-1404 ha violado el código B. ¿Es consciente de eso?— Me informó alguna cosa que no entendí y preguntó una retórica supongo. —No negro, yo voy a lo del mecánico. Me está afinando la maquina, ¿viste?— Es lo único que atiné a responder. Estaba completamente desorientado e intenté seguirles el juego. —B-04 en progreso. Muestra desordenes —Decía uno, mientras se miraban entre ellos. No pude ver su expresión por el tema de los cascos, pero seguro era de lastima. Claro, era obvio que yo estaba totalmente perdido, ellos tampoco me ayudaban con la situación, que de hecho empeoraron al hablar tan roboticamente. —¿Por qué hablan así, a lo Robocop? —Pregunté sin ser escuchado. —Va a tener que acompañarnos ciudadano T-1404. —Me dijo uno mientras el otro tomaba con firmeza mi brazo derecho. Hasta ahí todo bien. No entendía nada, casi un sueño, pero todo bien. Me subí a la cosa esa, especie de nave futurista, al asiento de atrás. Me dio la sensación de que eran policías, pero nada más. Quería saber adonde iba todo esto, quería que alguien me explique un poco qué estaba pasando. Quería saber qué había hecho el mecánico con mi maquina del tiempo o en todo caso qué había hecho yo con ella, si es que había hecho algo y no lo recordaba. Quería escuchar musica y había olvidado mi reproductor de mp3 en mi casa, mierda.

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