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Te lo cuento a mi manera: una mirada a Cuba ms all del atlntico La muerte de Orlando Zapata ha provocado un sinfín de reacciones desde la izquierda y la derecha, apuntaladas por la atención desmedida de los medios de comunicación españoles. Todas las noticias que se generan desde Cuba y que alimentan la crítica hacia la revolución cubana son amplificadas por todos los medios, especialmente por aquellos cuyas líneas editoriales se caracterizan por criticar todo lo que huela a revolución cubana y que obvian aquello que es positivo y digno también de mencionarse. De hecho, muchas de las noticias que aparecen sobre Cuba se aceptan tal como se reciben sin realizar una mínima labor periodística de comprobación de las fuentes o de los hechos. En ocasiones, incluso conociendo que las fuentes no son fiables y los hechos muy discutibles, los medios optan por la publicación de noticias que favorezcan la posición oficial que se mantiene desde la línea editorial. Más allá de hacer un análisis exclusivamente político de la revolución cubana, me parece interesante profundizar sobre el tratamiento de los medios de comunicación a este país. Pero antes me gustaría explicar cuál es mi posición ante todo esto. Evidentemente el acercamiento y el análisis de las vicisitudes de este país están contaminados por posicionamientos ideológicos y políticos lo cual nos lleva a observar posiciones extremas que van desde la aceptación absoluta hasta la crítica exhaustiva y devastadora de todo lo que ocurre en Cuba. Muchos de los opositores cubanos se encuentran situados en el polo más extremo y crítico, utilizando generalmente estrategias muy agresivas, falseando situaciones, inventando o teatralizando hechos y, los más extremistas y violentos, llevando a cabo acciones terroristas contra el pueblo cubano desde territorios amigos y tolerantes con estas actividades como EE.UU y, en concreto, su apéndice Miami. Estos opositores, cuyas ideas políticas son absolutamente respetables, utilizan métodos moralmente cuestionables. No todos los medios valen para conseguir sus fines. Alguna de sus estrategias suelen basarse en mostrar un fragmento de una situación, confuso y poco claro, acompañado de una interpretación interesada de lo sucedido de difícil verificación. Uno de los opositores más mediáticos es Yoani Sánchez, convertida en luchadora por los derechos humanos por los medios de comunicación occidentales. Lo cual me parece una burla a los cientos de personas que se juegan la vida por los derechos de sus compatriotas en países donde éstos son pisoteados diariamente y la oposición es silenciada desde la reclusión, encarcelamiento o muerte. Yoani Sánchez, entronizada por intereses bastardos, utiliza un lenguaje de activista social y luchadora contra la opresión que seduce y convence a todos aquellos que se acercan a la realidad cubana con prejuicios ideológicos. A través de su Twitter y su blog Generación Y, informa de situaciones en las que supuestamente es detenida, secuestrada o agredida, violando constantemente sus derechos de reunión o su libertad para participar en distintos actos. Esto lo acompaña en ocasiones con grabaciones caseras, teatralizadas y manipuladas para que muestren aquello que la autora quiere que muestre. Recuerdo el disfraz de la peluca rubia para acudir, sin que la reconocieran, a un acto en el que se hablaba sobre Internet en Cuba. Evidentemente se la reconoció y aún así pudo entrar y exponer su punto de vista crítico, que alguno de los participantes aplaudió y otros criticaron, ejerciendo todos ellos el derecho a expresar lo que quisieron sin cortapisa alguna. Mientras ella se encontraba en el interior del acto, en la puerta de entrada se posicionó uno de sus cómplices y empezó a gritar que no le dejaban entrar y que estaban coartando su libertad. Todo ello grabado en video para que quedara constancia de lo sucedido. En ningún momento queda claro qué es lo que sucedió ni las razones por las que esta persona no pudo entrar. Sólo nos llegó la interpretación interesada de esta bloguera opositora. Hace unos meses denunció haber sido secuestrada y agredida. Todos los medios se hicieron eco de la agresión sufrida por la nueva mártir cubana. Detalló fuertes golpes en distintas partes de su cuerpo. Al día siguiente, distintos medios se personaron en su domicilio para conocer de primera mano lo sucedido y fotografiar los abusos policiales que había sufrido. Lo único que consiguieron fue, de nuevo, la versión de la bloguera. Ni una sola señal de haber sido golpeada. A pesar de ello los medios de comunicación siguieron dando pábulo a su versión, siendo imposible constatar la realidad de los hechos que, por otra parte, ocurrieron en la vía pública sin que apareciera ningún testigo, aunque sea anónimo, que lo certificara. Otra de las estratagemas que utiliza, junto a sus correligionarios, es ir a determinados actos y escenificar una acción planificada, que provoca la reacción de los presentes y la aparición de policías, alguno de ellos de paisano. En ese momento, comienzan a gritar que sus derechos están siendo pisoteados y etcétera. Siendo legítima la protesta, solo quiero destacar la escenificación y dramatización de los hechos, obviando que ha existido previamente una intención planificada de provocar una situación tensa. Esto último jamás lo reconocerán. En estas situaciones se suelen producir momentos paradójicos. Los opositores critican que no tienen libertad de expresión pero en estas situaciones estas personas son capaces de defender sus derechos, de gritarlos literalmente a los cuatro vientos e incluso de obtener una grabación de sonido y de video que difunda lo sucedido. En muchas ocasiones ni siquiera se producen detenciones. Se les impide el acceso al evento y ya está. Una dictadura ciertamente atípica sin olvidar todos los medios de expresión que tienen y utilizan profusamente como blogs, páginas Web, medios de comunicación alternativos, Twitter o Facebook, entre otros. En el otro extremo, nos encontramos con sectores de la izquierda que justifican, defienden y aprueban todas las acciones, situaciones o hechos con una mínima capacidad crítica. Hay una línea de pensamiento y análisis que se caracteriza por la rigidez e incuestionabilidad. Se permite la crítica pero dentro de unos parámetros muy limitados. Si sobrepasas estos límites, la simple crítica a la revolución cubana se anatemiza y puede conllevar el tratamiento de fascista o colaborador de las hordas derechistas. Afortunadamente, aunque reconozco que es una percepción muy personal, es una minoría. Pienso que muchas de las reacciones se pueden entender como respuestas al ataque virulento por parte de la derecha mediática y contrarrevolucionaria. Ante críticas extremas, defensas numantinas. Es cansado sólo escuchar, leer o ver noticias, interpretaciones y lecturas negativas de la revolución cubana y, sobre todo, comprobar que muchas de esas críticas demoledoras tienen intereses ajenos al pueblo cubano. Aquellos, que se les llena la boca defendiendo los derechos humanos en Cuba, no serían capaces de hablar ni diez minutos sobre qué implican, en qué consisten y para qué sirven. Mientras critican a Cuba, defienden en cualquier otro país todo lo contrario porque sus intereses no tienen nada que ver con los derechos fundamentales de las personas. Alguno, como José María Aznar, pide respeto a los derechos humanos pero a su espalda carga con miles de muertos en la ocupación de Iraq. O si se pide libertad de prensa, también para Egunkaria, un caso muy cercano y que los medios de comunicación apenas mencionan. La izquierda a lo largo de la historia ha dedicado muchos esfuerzos por conseguir estos derechos, que ahora gozamos en España y que pensamos que existen por ciencia infusa, además de estar incluidos dentro de los principios que dirigen la acción de la izquierda. Por otra parte, descontextualizar lo que rodea a Cuba, en cuanto a la situación de bloqueo económico, por parte de EE.UU, desde hace décadas y la soledad política e ideológica en un mundo dominado por un neoliberalismo ultra violento, no es un adecuado acercamiento al análisis de las noticias sobre este país. La revolución cubana representa todo aquello que denigra y desprecia el sistema capitalista, con afiladas crestas neoliberales. Más que importancia geopolítica, que no la tiene, tiene una importancia simbólica, casi metafórica. Un preciado trofeo para los neoliberales que esperan, con el cuchillo entre dientes, a la apertura económica para arrasar con la isla. No habrá mayor placer que cargarse todo aquello que construyó la revolución cubana. Si no se tiene en cuenta esto a la hora de analizar las noticias que nos vienen desde Cuba, el análisis será sesgado. Esta es una de las características que definen la información proporcionada sobre la isla caribeña: los medios de comunicación oficialistas obvian su realidad. Los medios de comunicación practican con Cuba una suerte de atención selectiva, eligiendo cuidadosamente qué es noticiable y qué no es noticiable, que va calando en la visión y en la imagen que se va formando en el exterior de la isla. Nos ofrecen fragmentos descontextualizados presentados como realidades absolutas y nos bombardean con la repetición de mensajes provistos de una profunda carga moral. Si hiciéramos caso de lo que nos cuenta, por ejemplo, El País, pensaríamos que Cuba es un país con una dictadura sangrienta y represiva. Es evidente que es un régimen no democrático pero en absoluto representa un régimen violento contra su población. Ninguna organización social independiente relata situaciones de agresión y tortura como práctica sistemática de relación entre el estado y el ciudadano. Existen situaciones puntuales, aunque esto no les exime de esforzarse por evitar dichas situaciones. No podemos olvidar que España también fue acusada, a finales del año 2009, por Amnistía Internacional debido a la existencia de casos de tortura en los centros de internamiento para inmigrantes y en centros policiales y aquí sí que estamos hablando de un país democrático. A nadie se le ocurriría decir que España es un país que no respeta los derechos humanos y que maltrata a sus ciudadanos pero de Cuba sí, para algunos sería hasta un corolario lógico que se extrae de las informaciones que se reciben. Por supuesto que tanto a España como a Cuba se les debe exigir que respeten libertades fundamentales de sus ciudadanos. La sobresaturación de información sobre Cuba lejos de ofrecer una imagen más clara del país, confunde y oculta otras realidades. Los medios de comunicación, que actúan en función de intereses contrarios al derecho del ciudadano de recibir una información clara y objetiva, son la herramienta que utilizan los poderes para socavar cualquier realidad que contradiga su idea del mundo. Otros países donde sus ciudadanos viven subyugados miserablemente por su gobierno, pasan desapercibidos por inofensivos o por jugar un papel, aunque sea mínimo, en los intereses de los países poderosos o de las grandes multinacionales. Pero Cuba representa la posibilidad de otro mundo y eso pasa factura.

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